
Los gasolinazos dados a diestra y siniestra por el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa bajo el pueril argumento de que su gobierno ya no puede “soportar” un “elevadìsimo subsidio” al consumo de combustibles en el mercado interno, no se puede explicar más que con este sencillo refrán: “En tierra de ciegos el tuerto es el rey”.
Vamos por partes. Cuando el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, afirma a todos los medios de comunicación nacionales que los repetitivos aumentos a los precios de los principales combustibles en México (por su volumen de ventas) obedecen a que son los más baratos del mundo y que además representan un subsidio anual de alrededor de 240 mil millones de pesos, esto no refleja más que dos cosas: que el pueblo de México es completamente ignorante o que nos quieren hacer pasar como tales.
Es cierto que en los mercados internacionales los precios de los carburantes se mueven en función de los inestables costos del barril de petróleo crudo, que es materia prima para su elaboración, pero los principales países productores del hidrocarburo, excepto México, se preocupan por mantener e incrementar su infraestructura industrial, llámese refinerías –que es en donde se fabrican las gasolinas--, a fin de dar valor agregado a su petróleo, poder exportar sus derivados y también, si de alguna manera se puede decir, coadyuvar a proteger su mercado interno.
En México y en cualquier parte del mundo los ciudadanos vivimos los impactos del alto costo de las gasolinas en nuestros bolsillos, ya que no sólo los propietarios de vehículos tienen que gastar más sino que particularmente la población de menores recursos económicos ve mermados sus ingresos a consecuencia de que aumentan los precios de los alimentos y demás bienes y servicios.
El argumento en el sentido de que subsidiar la gasolina favorece a los que más tienen no sólo es ridículo sino ofensivo, pues los grandes empresarios mexicanos aún gozan de beneficios fiscales que les permiten deducir de impuestos sus consumos de gasolinas, mientras que funcionarios federales, estatales y municipales de primero a tercer nivel y empleados de Pemex, entre otras dependencias, reciben viáticos o vales etiquetados como consumo de gasolina.
Decir que en México se vende la gasolina más barata del mundo es como escupir para arriba, cuando los mexicanos ya no estamos en el oscurantismo, pues tenemos a nuestro alcance medios que nos permiten enterarnos de cuál es la realidad internacional sin tener necesidad de esperar por toda una eternidad que los medios más influyentes lo investiguen y difundan,
Aunque como decía líneas arriba los precios de los combustibles en el mercado internacional son variables, hasta lo que va de este mes de septiembre, Venezuela es el país en donde está más barata la gasolina, alrededor de 40 centavos de peso (tomando como parámetro 1 dólar americano = 10 pesos mexicanos) por litro de la equivalente a la Magna.
Pero además de Venezuela hay otros países con gasolina más barata que en México, en donde la Magna ya cuesta 7.41 y subirá tres centavos más cada semana. Esos países son: Nigeria, un peso; Egipto, 1.70 pesos; Kuwait: 2.10 pesos; Arabia Saudita, 2.40 pesos; Puerto Rico, 4.60 pesos; Rusia, 5.50 pesos; Panamá, 5.80 pesos y Nicaragua, 6.90 pesos.
En la Comunidad Económica Europea, incluidos los países productores de petróleo, los precios de las gasolinas son superiores a los que rigen en México, pero hay que subrayar que en cualquier nación de Europa el nivel de vida de sus habitantes es hasta más de tres veces superior al de la mayoría de los mexicanos.
Desde este punto de vista es injusto que en México se fijen los precios de las gasolinas de acuerdo al “mercado internacional”, tomando como modelo para ello a las naciones europeas o al imperio yanqui, si aunque se pretenda ocultar los costos de producción de estos carburantes es ínfimo, más aún para los países productores, como Venezuela, en donde fabricar un barril de gasolina (unos 159 litros) significa para ese gobierno un gasto de 7.50 dólares americanos, algo así como 47 centavos mexicanos por litro. Por ello se puede afirmar que la nación de Hugo Chávez realmente otorga un subsidio al consumo, en el mercado interno, de esos carburantes.
Estos precios de producción de gasolinas pueden variar, dependiendo de si el país es productor o comprador de crudo, pero en México de manera “extraña” siendo el sexto productor mundial, la infraestructura petroquímica se vino abajo, las escasas refinerías que hay no operan a su máxima capacidad, además de que no están cerca de los centros de producción de petróleo, como es el caso de Campeche, que siendo la base de la economía petrolera nacional no cuenta con ninguna refinería, cuando deberían haber por lo menos tres, pues ello significaría reducir costos en transportación, llámese ductos, oleoductos o cualquier otro medio.
Esto desde luego no implica que sea necesario vender nuestra industria petrolera al capital extranjero, ya que los altos ingresos que ha obtenido el país porque el crudo mexicano llegó a superar este año los cien dólares por barril son suficientes para revivir la petroquímica nacional. Unicamente hay que exigirle al Gobierno Federal que ya no siga haciendo perdidizos esos recursos multimillonarios.
Y hay algo más, a pesar de que por descuido de no se quién se cayó la producción de crudo y la petroquímica nacional y por ello el gobierno mexicano se ve precisado a importar gasolina, comprando precisamente a nuestro más cercano vecino del norte, los precios en Estados Unidos para la gasolina que exportarán durante el mes de octubre próximo se fijaron en 2.6526 dólares el galón (3.78 litros), es decir 7.01 pesos por litro y con tendencia a la baja, mientras que en México seguirán a la alza.
¿A quién benefician realmente los constantes incrementos de la gasolina en México?
Si tomamos en cuenta que para octubre los mexicanos ya estaremos pagando 7.44 pesos por el litro de la Magna y el Gobierno Federal la estará comprando al extranjero en 7.01, pagando una comisión de unos 36 centavos por litro a los concesionarios de las estaciones de servicio de Pemex, entonces los únicos ganones serán ellos, porque no es creíble el supuesto subsidio de 240 mil millones de pesos mientras que el puñado de concesionarios, entre ellos el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño Terrazo, verán incrementar notablemente sus arcas.
En España el precio de la gasolina regular (equivalente a la Magna) cuesta poco más de 10 pesos por litro, pero el mismo Ministerio de Industria admite que más del 50 por ciento de este costo al público se debe a los impuestos que aplica el gobierno español.
Algo parecido ocurre en México, en donde por ser país productor elaborar carburantes es mucho más barato que en España, pero el Gobierno Federal ha demostrado no estar dispuesto a proteger su mercado interno, pues aún a costa del reclamo social está decidido a resguardar su inmensa caja chica representada en el comercio de las gasolinas.
Ciudad del Carmen, Campeche, México, septiembre de 2008.
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